lunes, 14 de agosto de 2023

Mi proceso personal de socialización

Me siento bien, pero no de forma superficial o debido a algo externo puntual del momento, sino de fondo, desde un lugar como muy profundo

Llegar hasta aquí no ha sido un camino entre algodones, pero este proceso se inició en el momento en el que mi susurro interior gritó y me empujó a salir de mi forma de vida anterior a nivel social donde abundaban las relaciones amorosas tóxicas, las adicciones y las amistades regidas por carencias e intereses. Fue clave cambiar ese aspecto de mi vida antes de que esa forma de socialización tan normalizada me hubiese cambiado para siempre


He sido selectiva a nivel social desde que tengo uso de razón. O me atraes o te rechazo. No hay más. Ahora con 42 años ya he desarrollado la capacidad de ser amable y simpática con todo el mundo para un rato, pero entrar en mi mundo solo es posible si surge esa conexión que sencillamente se da o no se da


Eso en plena adolescencia se potenció. En esa época me permití ser borde y selectiva de una manera desproporcionada. Me atraían ese tipo de seres con problemas que por aquella época se hacían respetar no por su amabilidad y buenas acciones. El resto me hacían bostezar. Supongo que por eso la vida me llevó hasta esos límites donde mis relaciones fueron pura toxicidad y hoy me cuesta entablar amistades estables porque el desapego social va integrado en mi ser


Soy hija única, pero he tenido amistades que para mí han sido “hermanos” y de las que todavía conservo una caja llena de cartas de esas que algún día leerá Valentina y flipará con la vida social de mamá…pero que con la misma intensidad que entraron, se desvanecieron hasta el punto de hoy ser inexistentes en mi día a día


Puede que si no hubiesen entrado las drogas en mi vida tendría otra percepción de la amistad a día de hoy, no lo sé…lo que sí que tengo claro es que me hubiese perdido todas las enseñanzas que me han traído esos años de excesos, de enfrentamientos, de agresividad y de compañías de esas que tus padres no quieren para ti pero que me han acompañado hasta casi los 30


Miro atrás y me cuesta reconocerme. No me rechazo, al contrario, me fascina ver todo lo que he vivido porque es como haber tenido varias vidas dentro de una misma encarnación…y no me arrepiento de ninguna, pero sí que soy consciente de que ahora siento una calma y una paz en mi interior que no me han acompañado durante todos aquellos años de barrio donde me comió ese personaje que me creé para sobrevivir en esa época donde si tu vulnerabilidad salía a la luz era usada en tu contra, y en la que fui testigo del sufrimiento de otros justo por no lograr ese respeto que yo tuve desde siempre y fue mi talón de Aquiles en esos años donde crecí y sufrí a través de todas las relaciones tóxicas que permití, y donde rechacé toda oportunidad de vivir una relación basada en el amor y el respeto, porque me aburrían, y seguramente desde ahí me rodeé de amistades basadas en carencias e intereses y por eso a día de hoy, en mi presente, no queda nadie con quien yo comparta mi día a día de toda aquella época


Es curioso mirar atrás y saber que con la versión de mí misma a día de hoy no soportaría más de una tarde sentada en cualquier banco de esa plaza donde crecí, me enamoré, me desilusioné, me divertí, me aburrí, sufrí, reí y lloré


Qué rápido pasan los años echando la vista atrás, y qué lento pasaba mientras transitaba esos años de excesos, drogas, adicción y malas compañías✨


La adolescencia es como entrar en un túnel de lavado en el que ves cómo entras pero no sabes cómo saldrás de ahí, y lo más curioso es que no sabes cuándo, porque es evidente que hoy en día son muchos los que, ya con una edad adulta, continúan viviendo como en una eterna adolescencia✨


Puede que por todo lo vivido me siento completamente en paz en este momento de mi vida en el que mi presente se basa prácticamente en acompañar a mi hija en su evolución y desarrollo. Es una etapa más a transitar que a pesar de que día a día tenga la sensación de que pasa lento, cuando dentro de unos años mire atrás, los años habrán volado y el tiempo se me habrá escurrido entre los dedos como sucede cada verano en la vida de cualquier ser humano✨


Sigamos💫


lunes, 12 de junio de 2023

Existen otros hombres…

Sí. Lo afirmo con rotundidad. Existe otro tipo de hombre. Lo descubrí hace aproximadamente doce años. Hasta ese momento solo me había cruzado con esa parte de la población masculina que necesita a una madre en lugar de una compañera de vida.

Sé de lo que hablo porque lo he experimentado años, muchos años. 


Compartir vida con ese tipo de hombre donde la Play Station forma parte del día a día, o a quién hay que decirle lo que hay que hacer en casa porque sino no ve más allá de su nariz, o quién quiere perros solo para enseñar lo bonitos que son, pero sin responsabilizarse de ellos porque la palabra “responsabilidad” solo la tiene adherida cuando se trata del trabajo, o quién no sabe cuidar, mimar, valorar ni amar a una mujer, porque para poder hacerlo antes debe haberlo hecho con él mismo y ese trabajo personal todavía no sabe ni lo que es, o a quién trabaja fuera de casa como ella, pero dentro de casa la carga mental solo es femenina porque se ha acomodado en ese papel de ser cuidado y no cuidador, o a quién creías que iba a ser el hombre de tu vida y solo se ha convertido en el niño que no has parido…en fin, si alguna hay por aquí que lo haya vivido o lo esté viviendo, sabe de lo que hablo, no necesito explayarme más. 


Mi experiencia fue sin hijos. Menos mal. Ya no por ellos, porque la vida les ofrecerá oportunidades para sanar, sino por mí. Si acabé cansada de ese tipo de relación solo estando los dos, no quiero imaginar cómo hubiese acabado si hubiese estado en esa etapa donde acompañamos a la infancia. Seguramente no hubiese nacido en mí este impulso por aprender a acompañar a Valentina de una forma distinta a todo aquello que me rodea, o sencillamente tan solo lo hubiese admirado de lejos porque en ese tipo de relación llevarlo a cabo no hubiese sido viable.


Pero centrémonos en ser compañeros de vida, ya que para hablar de la maternidad ya tengo el otro blog. 


Fue hace unos once años, aproximadamente, justo en ese momento donde ya no podía más con ese tipo de relaciones y había decidido que no quería a ningún hombre más en vida…imagínate mi vida sentimental hasta entonces para tener ese pensamiento con tan solo 30 años. 


Pero entonces, la vida me tenía preparado uno de sus regalos, ya que el otro continúo disfrutándolo a día de hoy teniendo la fortuna de transitar una vida acompañada de un amor real en el que saboreo cada día lo que es sentirse cuidada, valorada, mimada y amada.


Se cruzó un hombre, un francés al que conocí unos años atrás por temas laborales, pero al que nunca tuve la oportunidad de conocer más a fondo. Jamás me hubiese imaginado que se había fijado en mí nada más verme en el hotel donde el destino cruzó nuestros trayectos de vida por temas laborales, ni nada de todo lo que me explicó en nuestros encuentros. 


Nuestro cruce de caminos fue para los dos algo especial que nunca olvidaremos, y siempre formaremos parte de los recuerdos el uno del otro, pero la vida tenía preparado planes por separado para ambos, y ninguno cambiaría nada de todo lo vivido hasta hoy. 


Nos vimos tres o cuatro veces, no más. Pero, para mí, fue el tiempo justo y necesario para descubrir que existía otra clase de hombre que sabe escuchar, que te hace sentir el ser más valioso y preciado que existe porque la manera de mirarte es especial. Saben mimarte, cuidarte, valorarte, tocarte y acariciarte siendo tú la prioridad y no él.


Fue el punto de inflexión en mis relaciones amorosas. Descubrí gracias a él que todo lo que yo había vivido y observado en mis relaciones o las de mi alrededor eran tan solo eso, un tipo de relación, pero que por ahí existían, aunque no en abundancia, otros tipos de hombres que son como esos últimos vaqueros de los libros que ensillan su montura y se van cabalgando entre los atascos de tráfico y los bloques de viviendas en busca de la pradera perdida. 


Fue revelador para mí. Gracias a esa experiencia me empoderé y rompí todo lo creado durante casi diez años de mi vida. Realmente me liberé. La sensación que sentí no sé cómo describirla, ya que aparece mi querida inefabilidad, pero a partir de ahí empezó mi transformación personal que continúa a día de hoy. 


Al cabo de unos meses se cruzó en mi camino mi compañero de vida. De ÉL ya he hablado en varias ocasiones, es un regalo del que a día de hoy tengo el privilegio de seguir disfrutando como mujer y madre, y me siento una afortunada por poder admirarlo en su papel de padre. 


Hace unos años leí que el compañero o la compañera de vida es equivalente al amor personal que uno se tiene a sí mismo, y doy fe que de que la afirmación es tal cual. 


Hoy soy consciente de que todas mis relaciones anteriores tan solo fueron oportunidades que la vida me puso para aprender a quererme a mí misma, pero no las vi hasta el momento que estuve preparada para ello. 


Así que hoy puedo asegurar que aprender a amarnos es el inicio de toda transformación, y de corazón os digo que vale la pena todo el proceso, a pesar del dolor que conlleva abrir el cajón de sombras y llegar a la aceptación de todas nuestras versiones, porque depende de tu vibración sintonizas con unas melodías u otras, y os puedo asegurar que hay música masculina preciosa desperdigada por el mundo, solo te falta encender la tuya propia para poder conectar desde tu plenitud y no a través de tus carencias.


Sigamos💫



martes, 4 de abril de 2023

Viviendo mi presente

 Soy de barrio, de toda la vida y crecí creyendo cosas que ahora ya no creo. Es como cuando dejas de fumar porros y sales de esa burbuja de realidad en la que vivías, y de repente la mente funciona a otra velocidad y parece que despiertas de golpe.

He salido de esa percepción donde convivía con una idea de la vida que nada tiene que ver con la que ahora me acompaña.


Crecí yendo al pueblo todos los veranos, y creía que vivir en una ciudad era un privilegio porque tienes de todo cerca. Hay servicios, centros comerciales, parques, bosques, playas, tiendas de barrio, restaurantes, cines, parques de atracciones…bueno, de todo…pero me pasó desapercibido lo esencial, que no hay nada que vaya a favor del cuidado de la propia vida.


Ahora, para mí, las ciudades son granjas humanas creadas para la producción del sistema, acompañadas de todo un engranaje de ocio para el poco tiempo libre…es el bien que escasea allí, todo va rápido y ese ritmo te arrastra a tener esa sensación de estar corriendo aunque estés quieto.


Ahora veo que el privilegio es vivir en esos lugares despoblados donde vestirte con jerseys llenos de bolitas no desentona, donde la naturaleza es parte del escenario diario sin tener que ir a buscarlo, donde la vida es tan sencilla y simple que para los humanos urbanitas se hace difícil, ya que se ahogan en el presente después de toda una vida acostumbrados a transitar el suyo evadiéndose de él a través de todos los estímulos visuales que allí absorben. Para unos días está bien ir a consumir casas rurales, pero para el día a día volvamos a nuestra carrera de fondo donde la vida pasa casi sin sacarle sabor porque cuando la degustamos nos empachamos, y además para poder estar con uno mismo necesitas haber transitado tu propio proceso, y es fácil de comprender puesto que la desconexión con nuestro ser está a la orden del día.


La evolución humana nos ha arrastrado casi inconscientemente a este momento evolutivo donde una minoría siente desde lo más profundo de su ser que esta forma de vivir lo que menos hace es cuidarles o cuidar de la propia vida, y desde esta percepción pasan cosas dentro, no fuera, porque en verdad en la mayor parte de nuestra experiencia de vida siempre pasan cosas dentro.


Siempre que alguien habla de mi forma de vida sale el mismo comentario:

  • Claro, pero tú puedes vivir así porque tu marido trabaja y trae un sueldo, y su trabajo permite cambiar de lugar de residencia.

Y no puedo negar que es así en cierto modo, pero no es solo así. 


Antes de esta vida he vivido inmersa en la forma de vida de esa gran mayoría, así que sé lo que es estar ahí y no tener la capacidad de mirar más allá.


He trabajado siempre porque lo sentía como una obligación y necesidad para vivir, e incluso para realizarme como persona. He tenido otras parejas que trabajan y ganaban incluso más dinero que ahora mi marido, y nunca se me ocurrió dejar de trabajar.


Salir del mundo laboral, dejar de cotizar, vivir con el sueldo que otra persona trae a casa es un acto de valor y confianza en la vida que me nació porque era ÉL, porque es casa y lo siento como hogar, pero sobretodo porque la vida me lo puso en el presente y se me dio la oportunidad de valorar poder vivirnos nosotros en lugar de solo tener, y ese aprendizaje fue de ambos, sino no hubiese podido ser.


Igual que él existen miles de trabajadores en su empresa. Todos con la misma posibilidad de trasladarse de ciudad, y casi nadie lo hace, salir de la zona de confort no es tan sencillo. Así que no es suerte, es decisión, es usar bien la energía de la agresividad que todos llevamos dentro, esa que usamos por primera vez para nacer, y que aprendiendo a no canalizarla hacia la violencia nos puede ser muy útil para ser capaces de tomar decisiones en la vida con fortaleza y valentía, es esa energía que nace en el estómago, en el tercer chacra, esa que no permite que sea el miedo el que gane.


Y no, para todos los que estéis pensando en el mañana, os contesto ya: no, no tengo miedo a que la relación se acabe y yo salga al mundo sin haber cotizado por estar fuera del mundo laboral, porque tengo confianza plena en que si eso se me presenta pasarán cosas y saldré adelante. No vivo ni me pierdo el presente por el miedo a un futuro que no sé ni si se dará ni si llegaré viva a él.


Elegí vivir desde el presente, porque aprendí que existe esta forma de transitar la vida y una vez que tu mente hace “click”, ya no hay vuelta atrás. 


Vivir con consciencia y sin miedo, es otorgar una confianza plena a la Vida, no en que todo me va a ir bien, porque me creo que vivo en la aldea del Arce, sino en que me van a llegar las experiencias necesarias para mi propia evolución y yo solo tengo que seguir, porque para eso estoy aquí, para seguir evolucionando como ser, y donde nos han enseñado a mirar con ojos de desgracias, yo solo veo oportunidades escondidas detrás de esa forma automática de juzgar que tenemos tan insertada.


Cada vez que vuelvo al barrio y soy testigo de la vida que se da aquí solo puedo estar agradecida a haberme atrevido a salir de la zona de confort y haber descubierto que existe otra manera de vivir, a otro ritmo y con otra mirada hacia la propia Vida, una que de fondo siento que me cuida y nos cuida como familia.


Sigamos💫

jueves, 24 de noviembre de 2022

El camino es hacia dentro

Empecé este camino de compartir mis emociones, pensamientos y sentimientos en el 2016. Miro hacia atrás, me siento a releer las entradas y no dejo de asombrarme al ser espectadora de cómo he materializado mis vivencias a través de la escritura. Escribir es pura terapia. Más de cien escritos. Más de cien reflexiones. Más de cien momentos donde ha sido mi Alma la encargada de expresarse y ha difundido su verdad.


Desde hace tiempo he sentido, y así lo he expresado en mis últimos escritos, que el camino era de dentro hacia fuera. Hasta ahora.


El Universo me ha traído hasta aquí. Yo solo he estado atenta observando cómo se ordenaban los acontecimientos para llegar hasta aquí. Los hilos se mueven, suceden cosas, y yo sigo aquel camino que siento que es el mío, pero ese “sentir” nace de un impulso interior, y es tan simple como saber que es mi Alma la que empuja a ir justo por ahí. 


Que yo no tengo el control de lo que me sucede, no lo creo ya, sino que lo sé. Si aún te crees que llevas el control de tu vida, te invito a hacerte una sencilla pregunta: ¿Los impulsos que te mueven a actuar te nacen de dentro o llegan a través de ti? Fin de la pregunta.


Yo soy de ese grupo de personas que responden la segunda opción. Soy muy consciente de que tan solo soy una herramienta del Universo para que la Vida sea. En este punto de la existencia mi ego se queda fuera, tengo presente su valor y su existencia, y por supuesto también sus limitaciones. 


El camino no es de dentro hacia fuera. El camino es hacia dentro. Esa es la clave. Pero todo es un proceso, y yo tan solo llevo el mío. 


La vida son etapas. He vivido casi dos décadas fuera de la civilización, en distintos lugares, siempre rodeada de naturaleza salvaje, incluyendo mis tres años al lado del mar. Todos estos años he vivido muchas experiencias distintas dentro de mi vida. He compartido vida con distintos compañeros de viaje, humanos y perros. He pasado de vivir en la burbuja de la drogadicción a saborear la realidad de la vida. He habitado distintas casas y distintas comunidades autónomas. He pasado de no querer ser madre a serlo. En fin…miro atrás y sencillamente alucino. El tiempo no existe, pero madre mía cuánto vivido. 


No todo ha sido disfrutar. Por supuesto el sufrimiento ha estado presente en muchas ocasiones, pero soy consciente de que toda crisis no es más que una gran oportunidad, y desde ahí bienvenida es. Todo pasa.


Miro atrás y observo cómo he aprendido a equilibrarme a través de la naturaleza. Solo con caminar descalza en un bosque he adquirido esa capacidad para conectarme con la energía de ese lugar y sintonizar mi vibración, nutriéndome de la magia que un baño de bosque te aporta. He observado el mar y su energía todos los días durante más de tres años y ahí he aprendido a desconectar mis pensamientos y fluir con esa energía que te llega al mirar el mar y observar su naturaleza salvaje alineada a los ciclos lunares. He aprendido mucho observando las estaciones y los cambios de ciclos. En definitiva, estos años de mucha naturaleza, animales, silencio y soledad me han aportado un conocimiento personal, para mí sagrado, a través de mi propia experiencia. 


Toca vivir otra etapa. Fuera no hay naturaleza salvaje ni mar. Las llanuras de Castilla son pobres en paisajes de esos libres y salvajes. Aquí son kilómetros de hectáreas manipuladas por el ser humano y cargadas de químicos y pesticidas para que solo tenga cabida aquello que da beneficio económico. Aquí la madre Tierra está totalmente explotada y pasear por cualquier camino es una evidencia de ello. Los caracoles no existen, las mariquitas son casi milagrosas de ver, las caracolas mueren por centenares en los laterales de los campos, las golondrinas molestan porque cagan demasiado y los cielos son fumigados por muy lejos de la civilización que estemos.


Toca ir hacia dentro. La soledad ya la he transitado y me ha enseñado a estar a gusto conmigo misma, a saber estar sin hacer, a conocerme e incluso a aceptarme, pero si pensaba que ya estaba todo…ahora viene otro nivel: la introspección. No hay bosques para caminar descalza y sintonizarme con la madre Tierra, no hay paisajes de cuento, no hay mar donde dejar ir mis pensamientos, no hay animales para observarlos y nutrirme de sus enseñanzas…no hay nada fuera que me alimente, así que es hacia dentro donde me toca estar.


Viene una etapa distinta a todo lo conocido, pero la vida me ha puesto aquí para algo, porque el camino hasta aquí ha estado allanado con esa sutileza y magia que solo el Universo puede crear. Me toca aprender a equilibrarme desde dentro. Es momento de nutrirme por el simple hecho de Ser. Se avecinan momentos difíciles a nivel emocional, pero tengo una confianza interior que me hace llegar esa sensación inefable de que siga, porque el camino es por aquí. 


No sé qué me traerá esta situación, no sé qué nacerá de toda esta experiencia, solo sé que detrás de esta etapa que empiezo a vivir adquiriré conocimiento a través de mi propia experiencia, y solo existe una única premisa: seguir.


No podía dejar de escribir sin realizar un cierre, sin cerrar un ciclo o sin despedirme de él. Siento un enorme agradecimiento al Universo por todo lo vivido y ha sido un acto de amor compartirlo con el mundo, pero ahora me toca ir hacia dentro, no sé lo que durará este proceso, pero justo aquí dejo de escribir. Siento que es momento de ir hacia dentro y eso conlleva dejar de compartir de dentro hacia fuera para transitar en silencio y soledad ese trayecto hacia el interior. Se avecinan tiempos de introspección y vivirlos es mi intención. 


Seguimos. 





lunes, 4 de julio de 2022

Con el corazón despierto

Vivimos en un sistema capitalista creado por unos cuantos que acumulan riqueza sin necesitarla, solo por tener, tener y tener.


Una de sus creaciones fue la pobreza. Es su mayor invento y sustento.


Todos nos aprovechamos de este engranaje que mueve al sistema, donde nos la pelan los demás y nos importa una mierda todo aquello que sabemos que sucede, siempre y cuando nos pille lejos. Que les den.


Somos una sociedad podrida por dentro pero brillando por fuera. Consumiendo sin parar gracias a que los productos se hacen en lugares remotos lucrándonos todos de sus escaseces y ofreciéndoles a cambio limosnas, creyéndonos encima, desde nuestra humildad europea, que somos sus salvadores, para que así continúe aumentando la riqueza de la élite.


Me asombra ver cómo se felicita y aplaude a grandes empresarios, futbolistas o marcas que donan. Sí, donan limosnas en comparación con sus pertenencias, y lo siento, pero el bien se hace en silencio, sino sencillamente es alimentar ese gran ego que les dirige o dar una imagen “blanca” por algún interés que realmente nunca llegaremos a saber.


Farmacéuticas paralizando información para luego crear sus propias pastillas, vacunas, o medicamentos en general. En definitiva, lo importante no es estar sano, sino que la salud sea un producto donde se consigan beneficios económicos.


El día que nos demos cuenta de verdad que nuestro bienestar ficticio es la droga que nos dan para seguir alimentando este engranaje, ese día puede que esta sociedad empiece a transformarse.


No olvidemos la política. Porque seas del partido que seas, solo votas a unos títeres que dan la cara, pero detrás de ellos están los que manejan los hilos. Ese 1% que en realidad no prioriza tu bienestar, deja de engañarte. Ellos tienen la solución de todo, pero simplemente no les interesa.


Por ejemplo. No les interesa una infancia cuidada y acompañada porque te has creído ese marketing barato donde prioriza el desarrollo personal a través de tu promoción laboral. Qué casualidad que justo en esos años se forme tu cerebro y se construyan los cimientos internos que dirigirán automáticamente tu desarrollo personal. 


Pero claro, recuerda que tus traumas y carencias emocionales son el motor del consumismo, así que fomentemos y normalicemos romper vínculos con la figura de apego a los 4 meses. Denigremos acompañar los ritmos y necesidades de la etapa de crianza que dura hasta mínimo los 6 y oye, para darle más fuerza empecemos a ridiculizarlo con “la generación de blanditos”, porque miremos las anteriores lo “bien” que están, irónicamente hablando, gracias a que si llorabas te repetían que no se llora por eso, o si te caías automáticamente te saltaban con “no pasa nada, va”, o te amenazaban con darte un bofetón, o normalizaron tratarlos con gritos y faltas de respeto…en fin, una generación que ha normalizado lo que no es normal y a día de hoy siguen siendo los que continúan el árbol genealógico de la misma forma hasta que llegue alguien a sanar toda esa cadena de carencias de amor. Porque en algún momento, llegará…siempre llega.


Nos hemos convertido en una sociedad donde el postureo ha llegado incluso a la palabra pobreza. Ahora en lugar de que abunde por  fuera está escondida en el interior de la mayoría de la población, porque ha transmutado a pobreza interna cargada de vacío emocional.


No me creáis, tan solo observad y empezad  a dudar, aunque sea un poco, porque justo ahí se abre un nuevo trayecto donde saldréis de la polarización a la que estáis sometidos inconscientemente. 


No tenemos que estar de acuerdo en todo, pero sí tenemos que unirnos hacia el derecho de ser libres y salvajes, que sea el amor la energía que nos mueva y sea con el corazón despierto desde donde comencemos a relacionarnos.


Sigamos…

miércoles, 15 de junio de 2022

La terapia regresiva es presencial

 Me gusta observar a las personas, siento que ahí empiezas a conocerlas no por su etiqueta (el papel social), sino por los gestos cotidianos, más allá de las palabras, por su comportamiento y su actitud. 

Y justo ahí existe una línea muy fina y casi imperceptible donde empieza a desvanecerse la esencia de la terapia regresiva.


La terapia regresiva es la terapia del alma. Eso a estas alturas no hace falta ampliarlo más, en el blog tenéis varias entradas hablando de ella e incluso de todo mi trayecto y mi evolución gracias a ella. 


Para mí ha pasado a ser una herramienta de vida a la que respeto profundamente, y debido a ello no comparto esta nueva modalidad que se ha creado de realizarla online. 


Respeto profundamente a quién la realice, al fin y al cabo todo es un proceso y al final todo está bien. Pero eso no hace que a mí me resuene esta nueva forma de realizar las sesiones.


Cuando se inicia una regresión, el paciente está en estado expandido de conciencia, pero a su vez es el alma del terapeuta el que dirige más de una vez dicha sesión. No sé cómo llegar a explicarlo claramente con palabras porque aparece mi querida inefabilidad, pero cuando se inicia la sesión el campo vibratorio del paciente y del terapeuta también ejercen su función, y para que eso pueda llevarse a cabo se necesita la presencia.


Es vital que el paciente y el terapeuta usen el tiempo para coincidir aquí y ahora físicamente en algún lugar, para que desde ahí sea el terapeuta quién acompañe al alma del paciente en su regresión. 


El mundo virtual es muy útil para muchas cosas, pero cuando se trata de encuentros entre almas es necesaria la presencia.


No sé si habéis asistido alguna vez a algún evento donde diversos ponentes exponen temas. Si es así, ahora pensad en la diferencia que existe entre asistir de forma presencial y hacerlo online. No tiene absolutamente nada que ver.


Cuando vas a un encuentro suceden cosas. Te cruzas con otras personas. Cruzas caminos. La ponencia te llega de otra forma. No tiene nada que ver al formato online donde tan solo te llega la información. Nada más.


Pues esa gran diferencia es abismal cuando a terapia regresiva se refiere. Dejemos de hacer un negocio con esta terapia. Protejamos esta herramienta tan valiosa y con ello la propia esencia de esta terapia. 


Siempre he dicho que esta terapia tiene dos grandes enemigos: uno es el ego y el otro, la fascinación, pero a día de hoy he aprendido que existe otro gran enemigo y es el dinero. 


Hay muchos terapeutas que tan solo ven negocio detrás de esta terapia. Y no es una terapia cualquiera, porque esta es la terapia del alma, y este detalle la hace distinta a todas las demás. 


Justo por ese motivo me cuesta delegar, a otros terapeutas, todas aquellas personas que me piden que les acompañe en sus regresiones. 


Esta terapia no tiene nada que ver con dinero. El fin no puede ser vivir de ella, sino ponerte al servicio del Universo para acompañar a todas aquellas almas que lleguen a ti, y si luego además te hace ganar dinero, pues enhorabuena por poder dedicarte a aquello que te hace disfrutar. 


Pero el fin principal no puede ser convertirlo en tu trabajo desde el principio cuando encima eres novato y aún careces de la experiencia suficiente. No puedes empezar a dar cursos de formación, porque dan dinero, sin tener ni siquiera años a tus espaldas de experiencia en acompañamiento presencial. No puedes olvidarte de su esencia porque necesites dinero en tu día a día en algún momento de tu vida. No. Esto no es un trabajo cualquiera. Esto va mucho más allá.


No se puede construir absolutamente nada sin unos buenos cimientos.


Así que desde aquí deciros que la terapia regresiva, para mí, ha de ser presencial para que puedan suceder todas aquellas cosas que tengan que suceder gracias a ese encuentro entre almas. 


Estamos aquí encarnados y poder sacarle partido a estos reencuentros físicos es algo que jamás podrá conseguir alcanzar el mundo virtual. 


Somos muchos los que no vamos a permitir que la esencia de esta terapia se pierda y para eso en breve nacerá la Asociación Fénix, de la que cuando tenga más información estaré encantada de poder compartirla.


Sigamos.

miércoles, 1 de junio de 2022

Vivir en un pueblo

 

Hace poco más de un mes que nos hemos mudado. Hemos dejado la playa de Cantabria por las llanuras de Castilla. Para muchos una locura, para nosotros un regalo.


No voy a desmentir que Cantabria es una comunidad de cuento. Los paisajes son casi de fantasía. Las playas de Noja con sus rocas y sus cambios constantes son un regalo de la Madre Tierra. Pero después de seis años allí, y tres de ellos siendo padres, nos ha apetecido experimentar la vida en un pueblo llano de Castilla donde la cercanía de la familia paterna de Valentina ha sido uno de los ingredientes principales para venir.


Llevo poco tiempo viviendo aquí, pero he veraneado toda mi vida en los pueblos de mis padres, así que hace poco que saboreo la ventaja de vivir en un pueblo, y puedo asegurar que no es tan solo económica.


Cierto es que adquirir una vivienda no tiene nada que ver con hacerlo en una ciudad, que el impuesto de circulación también es más barato, y en definitiva los impuestos son menos, pero no creo que el motor principal de nadie para venir a vivir a un pueblo deba ser solo por incentivos económicos, porque al final el trasfondo de lo que la vida es, va mucho más allá, y si solo es por dinero pero no te atrae lo que vivir en un pueblo conlleva, seguramente, será el inicio de un profundo abismo emocional.


No es la primera vez que percibo que existe una cierta rivalidad entre empadronados o no. En Noja era curioso escuchar la misma frase, era como un mantra, y decía: yo pago el ibi y viven gracias a todos los que venimos en verano. 


Y se quedaban tan anchos. 


Y sí. Seguramente para los negocios de Noja es casi vital el ingreso de los veraneantes, y puede que si nadie fuese en verano a los pueblos desaparecerían todavía más rápido de lo que lo hacen. Puede ser, no lo sé. Pero la ventaja de estar empadronado no es tener incentivos económicos, hay que cambiar la mirada hacia la propia vida porque la sociedad está perdiendo el valor de la propia esencia de la Vida. 


No, el dinero no es la esencia de nada.


La ventaja de estar empadronado en un pueblo es tener el privilegio y la suerte de poder disfrutar de vivir a un ritmo mágico y especial que solo pueden degustar los que viven aquí todo el año, y este ritmo, para mí, engancha más que cualquier canción veraniega.


La ventaja de vivir todo el año en un pueblo es formar parte de un lugar donde sales a la calle y te sientes en casa vayas donde vayas porque sus habitantes viven con tiempo para saludar, ya que las prisas no tienen cabida en un lugar así.


La ventaja de la vida de pueblo es poder permitirte y haber aprendido a apreciar que tu hija crezca en un lugar donde el estrés y las prisas no se normalizan ni se convierten en cotidianos.


La ventaja de vivir en un pueblo es dormir sin ruidos de vecinos, disfrutar del paisaje rodeado de naturaleza diariamente sin tener sobre estimulada la visión con tanto movimiento de coches, motos, camiones de la basura, personas, patinetes eléctricos, autobuses, tranvías…


La ventaja de salir de la civilización es deleitarte con el sonido de los pájaros e incluso de los conciertos de silencio.


La ventaja de vivir aquí todo el año va mucho más allá de incentivos económicos…porque la Vida en mayúsculas va mucho más allá!


Quedarse atrapado en la necesidad de que por ser empadronado has de tener incentivos económicos es el resultado del tipo de sociedad que se ha creado. Seres humanos que han olvidado la esencia de la vida, esa donde el privilegio de vivir en el pueblo es, sencillamente, estar en el pueblo todo el año.


Cambiemos la mirada. La vida va mucho más allá. Soltemos patrones, apaguemos ruidos externos y volvamos a escuchar ese susurro interior que sale en esos momentos de soledad y silencio donde aparece el Gran vacío interior, normalmente surge cuando la evasión con amigos, redes sociales, conciertos, viajes, hacer cosas de casa, trabajar o lo que sea no existe, y justo ahí nos encontramos con lo que verdaderamente somos cada uno de nosotros, y sí, para muchos ese momento es tan ensordecedor que la evasión es la única manera de seguir…seguramente justo ahí empieza el abismo emocional que puedes llegar a transitar en un pueblo donde en verano todo es fiesta, pero el resto del año estás tú con tu Gran vacío, ese que todavía no te has parado a mirar por seguir evadiéndote. 


La vida es un proceso, y cada uno está en su momento evolutivo, por eso en mi caso esta etapa que se me ha presentado la veo como una oportunidad de crecimiento personal, y estoy convencida de que estoy lista para afrontarla, sino no hubiese aparecido. El Universo tiene un plan divino, y después de más de seis años inmersa en la terapia regresiva ya no lo creo, sino que lo sé.


lunes, 21 de febrero de 2022

No me creas, experiméntalo

Estamos en un momento evolutivo. No sé cuál, pero estamos en pleno proceso de la evolución de la humanidad. En realidad igual que en cualquier otro instante de cualquier época anterior. 

Seguimos en el mismo juego emocional de siempre, pero en distinto espacio temporal. Nada más. 

Existen aquellos que resuenan en la energía de la lucha y la venganza, que incluso ven en el amor una vulnerabilidad y lo denigran denominándolo “buenismo” y están aquellos que ven en el Amor la energía más poderosa del Universo. He vibrado en ambas y sentí dónde estaba mi lugar.


No tenemos enemigos, sino hermanos perdidos. La transformación llega a través del amor, no de la lucha. Nadie tiene que pagar por nada, no estamos aquí para juzgar al prójimo, sino que podemos inspirarlos a través de nuestra experiencia acompañada de comprensión, compasión, paciencia y amor.


Existe un Plan Universal (o como quieras llamarlo) y al final todo está bien tal y como sucede, sino no es el final. Somos seres espirituales encarnados en cuerpos físicos y vibrando en esa energía de lucha, rencor y juicio alimentamos a la oscuridad y no vibramos en la luz…


Podría seguir y seguir dejando frases que me llegan, porque al final somos canales y herramientas del Universo, pero creo que ha quedado reflejada mi sensación. 


Puede que esté en un momento de mi vida donde soy consciente de que desde el amor y el perdón todo se transforma a nuestro alrededor, que somos energía y no necesitamos imponer o pelear para alimentarnos de la energía del prójimo, sino que podemos nutrirnos a través de la madre Tierra, que vibrar en la calma y la paz es el mayor acto revolucionario, y que todo aquel que necesite ayuda la pedirá o se buscará sus propias herramientas para que le ayuden, pero no se puede imponer ni obligar a nadie a subir a un “tren”, ni son mejores o peores por quedarse en el andén, sencillamente cada uno está en su momento evolutivo y todo está bien tal y como sucede.


Ahora imagínate una sociedad reconectada con su Ser, acompañada desde su infancia a desarrollar sus dones y talentos y no dirigidos por un sistema educativo (creado por la élite para su beneficio), aprendiendo a recargar su energía a través de las frecuencias y vibraciones de la naturaleza y sin necesidad de vivir desde el miedo porque desde pequeños viven teniendo presente que son seres espirituales encarnados en cuerpos físicos, que las herramientas para lidiar con el mundo son la compasión, la comprensión, la paciencia y el amor, que la energía del perdón es clave para seguir…


Puede que sea un flipada, puede ser…pero cada vez tengo más presente la sensación de que el camino no es la lucha, sino la inspiración (mostrar y compartir el poder del Amor y del Perdón a través de nuestra propia experiencia de vida) porque todo lo que sucede siento que es necesario para la propia evolución humana y venimos a aprender a amar, y no a cambiar nada.


Pero no me creas, transita tus propias experiencias, observa lo que el Universo te pone delante y en qué situaciones sientes ese bienestar de fondo que te hace bien, y no el placer instantáneo que vuelve a desnutrirte al cabo de un tiempo.